lunes, 9 de febrero de 2015

alter e-phone

No sabía cómo hacerlo, nunca pensó que tenía que aprender a engañar prácticamente a una parte de ella misma: su vía de control de imagen a través de las tres selfies diarias por lo menos..su vía de refuerzo de ideas y potenciador de su libertad a través de al menos tres conversaciones eternas, con las amigas, con el novio de turno, con el grupo aparte de la pega... Salir de la casa era el mismo ejercicio siempre: verificar la perilla del gas, tener las llaves, el labial, los lentes de sol y el "Celu" como le decían en su grupo de amiguis. Como si fuera un novio conocido en verano el "Celu" no tardó en volverse definitivamente Saiko: la espiaba, le tomaba fotos impropias: sentada en el baño, vomitando después de un carrete, coqueteando totalmente ebria con el hermano chico de la amiga...ufff Pronto empezó la extorsión: grababa un video justo en el momento en que estaba haciendo pebre pelando a la Pepa con la Mane, o cuando le adornaba la verdad al jefe para que creyera que efectivamente la pobre niña no podía llegar temprano a la pega como todo el mundo, luego enviaba esa imagen por su cuenta a los involucrados y se escondía para no terminar en el water...como otros "Celus" que él sabía, de tanto estar a su lado. Luego vinieron las llamadas...como una escena del Chavo del Ocho, "Celu" atinaba a marcar a la persona precisa en el momento exacto en que ella estaba diciendo "La Jose está súper gorda!!" mientras al otro lado la Jose en cuestión no entendía por qué su amigui le hacía eso...o el pobre Claudio que tuvo que enterarse por su linda e involuntaria voz que lo había dejado de ver porque la tenía muy flaca... Ya no sabía cómo hacerlo, como si fuera una mamá tratando de salir sin que la guagua se de cuenta, se escondía, decía fuerte "en unos quince minutos voy a salir" y se apuraba para llegar a la puerta antes que "Celu" estuviera listo para seguirla...nada funcionaba,aparecía en todas partes. Ya no dormía ni se alimentaba bien, quiso decirle a su mamá pero la iban a mandar a una clínica psiquiátrica. Pensaba en tropel hasta que se fue calmando la tormenta en su azotea y se sometió. Lo único que lamentaba, era que no podía contárselo a nadie.

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