lunes, 9 de febrero de 2015
alter e-phone
lunes, 26 de agosto de 2013
la bolchevique
Nadie sabe de dónde vinieron esos ojos pero estaban ahí y lo iluminaban y confundían todo.
Era uno de sus grandes defectos el de no saber mentir, ergo, no tenía herramientas de seducción pues le parecía natural relacionarse con los hombres de modo igualitario. Tan de verdad creyó que éramos todos iguales, que pronto encontró con quién asociarse en buena lid.
Un día sucedió que eso que le comentaban las mujeres normales que se hacía con los socios cuando no accedían al control, de suspender las actividades sexuales de descarga, su propio socio se lo hizo a ella. No entendió la evolución de la sexualidad del varón y por cierto jamás siquiera dejó entrar en su cabeza la idea de que pudiera haber algo más en la apuesta desnuda que el mero placer de adorarse mutuamente.
Pasó de socio en socio buscando la solución.
Primero vino el joven correcto e inteligente que prometió agasajarla por el resto de sus días, el que un año más tarde se corrompió en el alcohol y las drogas por culpa de ella según él, y de ahí en adelante sólo fue empeorando hasta el insulto, el empujón.
Después vino el hombre sencillo que espera paciente que la vida le de cosas buenas. Hizo las treinta maromas del ritual propio de los sencillos antes de hacer emerger con bombo, platillo y chayas su esperada promesa: "te seré fiel, lo decido de hoy en más porque te amo como a nadie he amado, viajaremos por el mundo y viviremos en algún pequeño lugar". Al rato intentaba canjear minutos de atraso en las citas, por encuentros con mujeres sin cerebro, un descanso quizás de la dificultad propia de lidiar con una mujer que compulsivamente dice la verdad.
Vino entonces quien la retó a atreverse, el guerrero, el hombre fuerte hecho en la cordillera que le dijo "yo nunca te voy a dejar sola" y después de la primera vez que no quiso "coger lucha" desapareció en medio de la noche.
Apareció el que aconsejaba con un tecito en la mano con halo de sabio que terminó siendo el con menos criterio, el de mejor corazón terminó siendo el recriminador, y así. Descubrió entonces el patrón: la primera promesa es en la que primero se falla.
Desde entonces sólo espera escuchar "lo más probable es que nos terminemos odiando"...
implorando a todos los dioses que no sea de aquellos que no saben mentir...
Lilith se queda sola, cría al varón que trajo al mundo sin advertir que su defecto le hará daño y le dará rabia. La rabia del Benjamín de Lilith parece tener el potente talento de encontrar el modo de debilitarla, la impotencia de recibir la gran argumentabilidad del mundo reconvertida en cuestionamiento a su entrañable imperfección, la agota a niveles que producen destrucción incluso de los objetos y la electricidad. Está cargada.
lunes, 27 de agosto de 2012
Actos de fe de la vida cotidiana
Ya resultaba disonante que apareciera el pago electrónico, pero podía caber aún en las confianzas cotidianas.
Para qué pensar en las ferias de barrios eufemísticamente vulnerables en que recomiendan entrar de espaldas.
Pero nunca se esperó algo así.
Lo escuchó del casero que tenía hace 18 años, que le tenía cuenta cuando no tenía plata, que le decía que si se pegaba una vuelta por La Boca en verano lo pasara a saludar, que le tenía reservadas las feijoas y las papayas aunque no hubiera compromiso explícito.
- Ya no vengo los domingos vengo el puro jueves que es más tranquilo, vendí el puesto casera. No hay cómo competir con estos desgraciados. Uno que lleva 40 años levantándose temprano para traerle salud a la gente - "chispeaba" los dedos arriba de las frutas - todo esto es pura salud, pura vitamina, a sus niños los he visto crecer hasta los dos metros - con los ojos de frente y medios húmedos, sonriendo - para que vengan estos a ensuciar la feria lavando la plata que ganan enfermando a la gente. Mire casera, fíjese no más, sus caseros de siempre tienen la camioneta de siempre. Estas cochinadas andan en autos de 15 millones, qué tiene que hacer un feriano con un jeep. Lavan su plata vendiendo a menos que el costo, así no se puede trabajar.
No existen los analgésicos para el dolor social.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Lulú
Pocas veces ocurre que nazca un gato mudo, finalmente el maullido no es sólo su característica más esencial sino que es su herramienta de auxilio, de convocatoria a la lucha por aparearse, medición de fuerzas, manifestación de su presencia, su canto.
Curiosamente, al no saberse oír el propio maullido mudo, tenía una extaña timidez para ronronear, parecía optar por un ronroneo "aficticiado", algo que no dejara en evidencia su necesidad de comunicar necesidad...un temor...a tener sólo la manifestación sensible de la comunicación y no la bien plantada, la que le diera frente al mundo la solidez de manejar a su arbitrio la queja, el alegato, la guerra y el pregón.
Pero su gatitud se descontrolaba frente al árbol.
El tronco sólido, las ramas bellas, el tamiz de luz de sus hojas, el aroma a cobijo, le resultaban del todo irresistibles. Tanto, que para su protoconciencia gatística el árbol era absoluto culpable de todas las veces que trepaba sin saber, engullido por su urgente necesidad a-maullada (a-dicta) de estar ahí, de sentirse grande, de sentir que esa majestuosidad era su reino y dominio. Las garras eran diestras como pocas cosas lo son y aquí no dañaban, se sentía experto y poderoso al subir sin mediar reflexión ni miedo.
Ua vez arriba la temperatura era nirvánica, la luz de las hojas eran ojos hermosos que retroalimentaban su convicción de belleza y el oxigenado silencio era tan perfecto que su propio silencio era el corolario del paradigma, en lugar de un defecto.
Pero es sabido que un gato pequeño sólo puede bajar de un árbol para todo aquello que es mundano si hace oír su maullido para ser asistido por una niña.
Lulú vivía su propia mundanidad mirando cada tanto a la ventana, tan hermenéutica ella que un poco sin saber de pronto estaba a los pies del árbol en el momento exacto en que el gato tanteaba los descensos y abría su silente boca en el maullido que, en su génesis sordo, era llenado por un tímido y entonado "miaau" de Lulú a la base del tronco.
Entonces y sólo entonces el gato la veía, para coincidir en una orquesta de miradas tan elocuentes que cualquier palabra o maullido les quedaría debiendo sentido.
Lulú sonreía como si tuviera la culpa de algo y con toda la timidez del respeto por el tremendo felino que unos minutos atrás dominaba el mundo desde lo alto, acariciaba la suave cabeza del gato para guiar su bajada.
Un día él, tendría a bien enseñarle la prestancia para subir.
sábado, 9 de abril de 2011
tal por cual
El ritmo y movimientos eran los mismos pero no se habrían puesto a bailar, tenían en común no estar buscando y a poco andar gente los encontró y se perdieron...quizá se la perdieron.
La primera noche del reencuentro, Sopórtame lloraba y carcajeaba violentamente y Cuídame aceptó que la acompañara manejando entre la madrugada y la lluvia, no-la-iba-a-dejar-so-la.
La segunda, Sopórtame dijo ven y Cuídame se fue a dormir con él.
Al requerir sus promesas, Sopórtame las negaba y Cuídame terminaba en el hielo. Sopórtame necesitó de su preocupación y cuando la tuvo, la abandonó por evidente culpa de Cuídame.
Sopórtame volvió, para que Cuídame probara que el amor era más fuerte que el orgullo y el dolor: como un John Laroche cualquiera, lo único que necesitaba es que una y otra vez lo amaran tal cual y en el otro estado de tal cual, y en el estado más antiguo de tal cual, y en el cambio de opinión y en los proyectos y en los sueños que apenas quedaban bien dibujados, los arrugaba y botaba antes que Cuídame pudiera opinar. Dañino tal cual, comprometido tal cual, rabioso tal cual, llorando a la luz engañosa del whisky y las letras de Spinetta tal cual, cuando en un mar de sangre se fue el hijo que entre tanta confusión habían engendrado.
Cuídame pedía un núcleo incuestionable de nunca soltar las manos y enfrentar mirando adelante todo lo que pasara. Equivocaba cuestionando y preguntando si ese núcleo existía porque Sopórtame necesitaba que resistiera una levedad del ser en que aquel núcleo no tenía cabida.
Los encontraron tendidos y los barrieron: después de mucho chocar contra la ventana, estas dos románticas moscas habían perdido la vida toda, corta y carente de sentido como es naturaleza de las pobres moscas.
Dignos de estudio fueron objeto de autopsias.
En el corazón de Sopórtame había un latido incompleto que parecía decir "no soy digno de amor".
En el corazón de Cuídame, había un papel amarillento, ajado y tachado que decía "amor uno puede tener varios, pero vida, vida hay una sola, mi vida".
miércoles, 5 de enero de 2011
Geología
No había soledad más sola que escarbar la propia arqueología.
La basura, el papel, el cartón, todo iba bien...el olor amonionitrogenado de la grasa vieja despegándose de todo, dejando ver...
Algo se quebró cuando encontró el portabebé.
Las lágrimas y el cansancio tuvieron tanto sentido entonces:
estaba escarbando su interior,
buscando sueños perdidos,
importancias antiguas,
resultados de múltiples decisiones tomadas en defensa de la integridad, de esta integridad que hoy estaba sepultada bajo escombros de cosas útiles mezcladas con basura pura...
El deber gritaba y suplicante reclamaba:
Busca tu propio sueño y corre tras él.
domingo, 24 de octubre de 2010
lafe
El primer momento en que se encontraron a los ojos con toda la verdad del mundo fue cuando le preguntó con un matiz de escándalo en la voz: tú tendrías más hijos? y ella le dijo la más profunda de las verdades de la incerteza mediante una encogida de hombros como diciendo "who knows". Él le devolvió una sonrisa, se había abierto un camino en este mundo donde todo estaba terminando y se dio cuenta con un vuelco mareador como el de las puertas giratorias que no: que estaba comenzando.
Así es que no encontró nada mejor que tomar su mano fría y partir con ella ese nuevo comienzo.
Fue todo lo que ella había soñado y no tenía la más leve fe de poder encontrar: seguro de su amor, manteniendo la flama del suyo con romanticismo y haciendo de su cuerpo su más maravillosa posesión, la sorprendía previendo necesidades pequeñas que hacían del detalle su especialidad. Ante cada duda de su duda más antigua, él respondía con hechos y palabras. Tan bueno fue todo que cuando él partió a un viaje, en los últimos resabios de su incredulidad, ella no podía creer lo que pensó: o se va a arrepentir, o le va a pasar algo, pero no puede ser cierto que al fin después de tanto luchar por convencerse de que el amor era algo que le estaba vetado en esta vida, había llegado sin que lo buscara.
Hasta que lo creyó.
Bastó que lo creyera para que él se replegara.
Ahora ella intentaba sorprenderlo, regalarle lo que sospechaba que le gustaría, cosió sus pantalones, veló sus siestas y le hizo espacio en su vida haciendo de sus intereses los propios...buscó su mirada sin más respuesta que un ¿por qué me mirai?...y su boca con un "no me siento cómodo de que me beses a cada rato".
No entendía nada, le había confesado que toda su capacidad de excepción había quedado en su anterior relación pero le decía que ella era su excepción única...le había confesado que a ella la llamaba amor y a veces en relatos la llamó esta otra, y sin darse cuenta la empezó a llamar así a ella. Ella no sabía con quien estaba y él estaba claramente en su vida pasada...al tratarlo como una pareja, él se había devuelto a la única que conocía, se confundió.
La invitación a vivir juntos y la búsqueda de casa se cambió por un recordatorio frecuente de que no eran nada.
La preocupación de él por sus asuntos se tranformó en crítica.
La risa desapareció.
Su mirada le decía a cada rato: tú no eres (b)ella.
Un día que tuvo un accidente y ella corrió en su ayuda él le comentaba con agrio rostro: "te llamaba y pensaba: y esta otra no cacha que necesito que me conteste?", lo que vino a reemplazar el "me siento tan bien que yo sé que estás ahí y que sé que me socorrerías en cualquier cosa que me pasara"...
Ella procuró dejar de pedir, de comentar sus miedos, dejó de buscarlo y él pareció no darse cuenta.
De "yo soy tu compañero, métete eso en la cabeza" pasó a "no me pidas que haga nada por tí".
De "yo no te voy a dejar ir" pasó a dejarla sin aviso y a dejarla ir en medio de la noche.
Del "tenemos que arreglar las cosas conversando" pasó a "no voy a conversar contigo hoy".
Él se sintió abandonado, incomprendido y falto de fe...llegó a decir a sus amigos que ella era una malagradecida.
Ella tardó en darse cuenta de lo que pasaba pero al fin lo comprendió: Él buscaba algo que no tenía y que ella había labrado por años, para llevárselo como si fuese de él.
Como un prestidigitador, él se llevó su incredulidad apenas ella la soltó.