Nunca supo por qué después de pasado un año de su desdén volvió a buscarle. Lo encontró triste, excitado por las decisiones complicadas, rayano en lo desubicado pero definitivamente era el que recordaba: su sonrisa, sus ojos y sobretodo su risa.
El primer momento en que se encontraron a los ojos con toda la verdad del mundo fue cuando le preguntó con un matiz de escándalo en la voz: tú tendrías más hijos? y ella le dijo la más profunda de las verdades de la incerteza mediante una encogida de hombros como diciendo "who knows". Él le devolvió una sonrisa, se había abierto un camino en este mundo donde todo estaba terminando y se dio cuenta con un vuelco mareador como el de las puertas giratorias que no: que estaba comenzando.
Así es que no encontró nada mejor que tomar su mano fría y partir con ella ese nuevo comienzo.
Fue todo lo que ella había soñado y no tenía la más leve fe de poder encontrar: seguro de su amor, manteniendo la flama del suyo con romanticismo y haciendo de su cuerpo su más maravillosa posesión, la sorprendía previendo necesidades pequeñas que hacían del detalle su especialidad. Ante cada duda de su duda más antigua, él respondía con hechos y palabras. Tan bueno fue todo que cuando él partió a un viaje, en los últimos resabios de su incredulidad, ella no podía creer lo que pensó: o se va a arrepentir, o le va a pasar algo, pero no puede ser cierto que al fin después de tanto luchar por convencerse de que el amor era algo que le estaba vetado en esta vida, había llegado sin que lo buscara.
Hasta que lo creyó.
Bastó que lo creyera para que él se replegara.
Ahora ella intentaba sorprenderlo, regalarle lo que sospechaba que le gustaría, cosió sus pantalones, veló sus siestas y le hizo espacio en su vida haciendo de sus intereses los propios...buscó su mirada sin más respuesta que un ¿por qué me mirai?...y su boca con un "no me siento cómodo de que me beses a cada rato".
No entendía nada, le había confesado que toda su capacidad de excepción había quedado en su anterior relación pero le decía que ella era su excepción única...le había confesado que a ella la llamaba amor y a veces en relatos la llamó esta otra, y sin darse cuenta la empezó a llamar así a ella. Ella no sabía con quien estaba y él estaba claramente en su vida pasada...al tratarlo como una pareja, él se había devuelto a la única que conocía, se confundió.
La invitación a vivir juntos y la búsqueda de casa se cambió por un recordatorio frecuente de que no eran nada.
La preocupación de él por sus asuntos se tranformó en crítica.
La risa desapareció.
Su mirada le decía a cada rato: tú no eres (b)ella.
Un día que tuvo un accidente y ella corrió en su ayuda él le comentaba con agrio rostro: "te llamaba y pensaba: y esta otra no cacha que necesito que me conteste?", lo que vino a reemplazar el "me siento tan bien que yo sé que estás ahí y que sé que me socorrerías en cualquier cosa que me pasara"...
Ella procuró dejar de pedir, de comentar sus miedos, dejó de buscarlo y él pareció no darse cuenta.
De "yo soy tu compañero, métete eso en la cabeza" pasó a "no me pidas que haga nada por tí".
De "yo no te voy a dejar ir" pasó a dejarla sin aviso y a dejarla ir en medio de la noche.
Del "tenemos que arreglar las cosas conversando" pasó a "no voy a conversar contigo hoy".
Él se sintió abandonado, incomprendido y falto de fe...llegó a decir a sus amigos que ella era una malagradecida.
Ella tardó en darse cuenta de lo que pasaba pero al fin lo comprendió: Él buscaba algo que no tenía y que ella había labrado por años, para llevárselo como si fuese de él.
Como un prestidigitador, él se llevó su incredulidad apenas ella la soltó.
domingo, 24 de octubre de 2010
domingo, 25 de abril de 2010
Miedo
-¿Cómo vas con el Miedo?- la tercera pregunta de rutina.
-Nada.
-¿Nada? ¿En serio? - insistía incrédulo.
-Nada.
Y de nuevo esa sensación de molestia y curiosidad. No sabía por qué estos últimos 15 años le había preguntado siempre acerca de ese tal Miedo.
Ella al principio trataba de retener los rostros y nombres de todo aquel sujeto que conociera: Mario, no, Miguel, no...Al año siguiente se creó la costumbre de andar con una libretita para anotar los nombres de todos los hombres que conocía: nada.
Comenzó a pensar que se trataba de un apellido: Marín, no, Miranda, no...
No, debía ser un apodo, sí, alguien a quien llamaran Miedo...¿por qué habrían de llamar a alguien por ese nombre? Ni idea, era una palabra extraña como para un apodo, había escuchado a quienes llamaban Mateo no como nombre sino por la característica de demostrarse cuidadoso con sus deberes académicos...pero no lograba imaginar a qué característica podía denotar Miedo.
15 años y se cansó. Decidió no conocer a nadie más, no guardar nombres, rostros, características ni voces de individuo alguno.
Se quedó en su dormitorio sin radio, tele, ni conexión alguna para no enredar más su cabeza que giraba todo el tiempo repitiendo Miedo, Miedo, Miedo, Miedo.
Al cabo de un tiempo tuvo un recuerdo muy extraño, recordó que se había hecho un examen de imagenología hace 15 años y nunca retiró el resultado. La curiosidad una vez más demostró ser más poderosa que la convicción y salió con rumbo al centro médico, con tal suerte que en el último cajón de una gaveta vieja que ya sólo usaban como superficie de apoyo para la pantalla del computador, encontraron amarillento y roñoso un examen a su nombre. Lo abrió y decía: "nódulo hipoecogénico irrigado con inflamación glandular concomitante. Sugerencia: biopsia urgente".
Cerró el sobre, se dio vuelta y levitó hacia la calle con el rostro caliente, los ojos húmedos y un cosquilleo frío que parecía una corriente de aire que se paseaba por su espalda, su nuca y alrededor del ombligo.
Distraída, se lanzó a la calle mirando sin ver y se estrelló contra un hombre que venía cruzando en dirección contraria.
Lo supo de inmediato: era él.
-Nada.
-¿Nada? ¿En serio? - insistía incrédulo.
-Nada.
Y de nuevo esa sensación de molestia y curiosidad. No sabía por qué estos últimos 15 años le había preguntado siempre acerca de ese tal Miedo.
Ella al principio trataba de retener los rostros y nombres de todo aquel sujeto que conociera: Mario, no, Miguel, no...Al año siguiente se creó la costumbre de andar con una libretita para anotar los nombres de todos los hombres que conocía: nada.
Comenzó a pensar que se trataba de un apellido: Marín, no, Miranda, no...
No, debía ser un apodo, sí, alguien a quien llamaran Miedo...¿por qué habrían de llamar a alguien por ese nombre? Ni idea, era una palabra extraña como para un apodo, había escuchado a quienes llamaban Mateo no como nombre sino por la característica de demostrarse cuidadoso con sus deberes académicos...pero no lograba imaginar a qué característica podía denotar Miedo.
15 años y se cansó. Decidió no conocer a nadie más, no guardar nombres, rostros, características ni voces de individuo alguno.
Se quedó en su dormitorio sin radio, tele, ni conexión alguna para no enredar más su cabeza que giraba todo el tiempo repitiendo Miedo, Miedo, Miedo, Miedo.
Al cabo de un tiempo tuvo un recuerdo muy extraño, recordó que se había hecho un examen de imagenología hace 15 años y nunca retiró el resultado. La curiosidad una vez más demostró ser más poderosa que la convicción y salió con rumbo al centro médico, con tal suerte que en el último cajón de una gaveta vieja que ya sólo usaban como superficie de apoyo para la pantalla del computador, encontraron amarillento y roñoso un examen a su nombre. Lo abrió y decía: "nódulo hipoecogénico irrigado con inflamación glandular concomitante. Sugerencia: biopsia urgente".
Cerró el sobre, se dio vuelta y levitó hacia la calle con el rostro caliente, los ojos húmedos y un cosquilleo frío que parecía una corriente de aire que se paseaba por su espalda, su nuca y alrededor del ombligo.
Distraída, se lanzó a la calle mirando sin ver y se estrelló contra un hombre que venía cruzando en dirección contraria.
Lo supo de inmediato: era él.
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