De las impedantes conversaciones que habían decidido grabar en forma física y en el mejor de los casos objetiva, sólo había un registro mnémico borroso pero sin embargo rico en sensaciones y convicciones. Una de estas últimas era que habían llegado al número primo de la manifestación de la confianza entre humanos: la feria libre. Entre copas de aperitivo eran minuciosos en describir que en la feria uno se pasea, compra, paga y no revisa el vuelto, encarga su bolsa para pasar a la vuelta por ella, pide que le guarden algo para más tarde, fía, regatea y todo mirándose a los ojos, sonríe hasta el más mañoso de los caseros, se le acepta a uno la pinta que traiga, las monedas que junta para pagar o el billete de veinte para pagar dos lechugas. En la feria somos el verdadero bicho que somos, cuyas relaciones se basan en comunicarse y en confiar en la autenticidad del otro. Y cuidadito con los gestos, no vaya a interpretar en casero que estamos viendo maldad y listo no más, al otro domingo nos dice que las manzanas "no son ná elegías" y el buen entendedor se tendrá que buscar otro casero.
Ya resultaba disonante que apareciera el pago electrónico, pero podía caber aún en las confianzas cotidianas.
Para qué pensar en las ferias de barrios eufemísticamente vulnerables en que recomiendan entrar de espaldas.
Pero nunca se esperó algo así.
Lo escuchó del casero que tenía hace 18 años, que le tenía cuenta cuando no tenía plata, que le decía que si se pegaba una vuelta por La Boca en verano lo pasara a saludar, que le tenía reservadas las feijoas y las papayas aunque no hubiera compromiso explícito.
- Ya no vengo los domingos vengo el puro jueves que es más tranquilo, vendí el puesto casera. No hay cómo competir con estos desgraciados. Uno que lleva 40 años levantándose temprano para traerle salud a la gente - "chispeaba" los dedos arriba de las frutas - todo esto es pura salud, pura vitamina, a sus niños los he visto crecer hasta los dos metros - con los ojos de frente y medios húmedos, sonriendo - para que vengan estos a ensuciar la feria lavando la plata que ganan enfermando a la gente. Mire casera, fíjese no más, sus caseros de siempre tienen la camioneta de siempre. Estas cochinadas andan en autos de 15 millones, qué tiene que hacer un feriano con un jeep. Lavan su plata vendiendo a menos que el costo, así no se puede trabajar.
No existen los analgésicos para el dolor social.
lunes, 27 de agosto de 2012
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