-Qué lindo que paraste linda, te juro que no pasaba ningún taxi, no sé que pasa! - me dijo la Daniela cuando se subió al auto en una estrategia de "acuicamiento" fácilmente detectable.
Traía olor a cantina, los ojos desorbitados y expresión de cabra chica. Le pregunté si tenía un cigarro.
-No...no tengo: tú te jalái?
-No, le dije, riendo.
-Pero algo te hací porque estai como no sé...como clarita...
-Nada, loca.
Todo el rato se movía y hablaba. Primero estaba en la casa de la hermana que quedaba en Macul, era de Concepción y no se ubicaba...más rato estaba en la casa de un amigo en Macul...al último decía que se había escapado de un internado en Buin y me agradecía la confianza, y aparentemente iba a Macul a buscar más pasta base.
-Eres chica - le dije entre cuento y cuento.
-Tengo 22. Y tú qué andai haciendo a esta hora?
-Fui a hacer clases y me pasé a ver a un amigo.
-Clases de qué?
-De psicología.
-Ah, yo necesito que me arreglen la cabeza porque estoy loca! En mi familia todos me quieren, todos todos me quieren y yo soy como la oveja negra, cachái? Oh! se me cayó la hueá! no hueí que se me cayó la pipa!
Después de dar con las extrañas señas que iban en el lugar donde debía ir la dirección, antes de bajarse me dice:
-Me dai quinientos pesos?...eso vale mi droga.
No evité parar porque la vi pájara, linda y vulnerable ante la muerte.
La dejé igual de pájara, linda y vulnerable ante la muerte.
Me recordó a mi hermana, a mí misma, a mis amigas de un tiempo, a mis (im)pacientitas de sename...según ella misma estaba rematada sin razón. Y desapareció cerca de Macul con Los Olmos corriendo, joven y linda, sólo carne de cañón.
La verdad es que no confié en ella, confié en mí.
Cuando llegué a la casa busqué la supuesta pipa pa que no la encontrara alguien más: lo que se le había caído era un encendedor verde con rosado, como de cabra chica.
Quizá en mi auto se salvó de algo, quizá sólo la dejé más cerca de la muerte.
Era linda de verdad, una niña linda.
Qué malo que no sé donde está su mamá, qué malo que ella no sepa ser su propia mamá.
miércoles, 10 de octubre de 2007
miércoles, 3 de octubre de 2007
Una de Santiago en máximo 100 palabras
Un Forestal oscuro guardó el secreto de sus arrugas, algunos grados de alcohol vitrificaron los ojos embelleciendo el mundo, el cielo fue más negro y las estrellas tenían nombre.
Apegaron sus cuerpos para vencer al frío y fue entonces que las manos, los labios y las piernas fueron un pulpo gigante e infantil, hasta que acabaron a lengua cierta con sus pudores.
Recién el Mediodía del Sábado en el vagón tuvo la gentil idea de devolverles el anonimato, se veían feos y se miraban bellos mientras se besaban torpemente como diciendo: basta con que no te olvides de mí...con que nunca te olvides de mí.
Apegaron sus cuerpos para vencer al frío y fue entonces que las manos, los labios y las piernas fueron un pulpo gigante e infantil, hasta que acabaron a lengua cierta con sus pudores.
Recién el Mediodía del Sábado en el vagón tuvo la gentil idea de devolverles el anonimato, se veían feos y se miraban bellos mientras se besaban torpemente como diciendo: basta con que no te olvides de mí...con que nunca te olvides de mí.
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