Un Forestal oscuro guardó el secreto de sus arrugas, algunos grados de alcohol vitrificaron los ojos embelleciendo el mundo, el cielo fue más negro y las estrellas tenían nombre.
Apegaron sus cuerpos para vencer al frío y fue entonces que las manos, los labios y las piernas fueron un pulpo gigante e infantil, hasta que acabaron a lengua cierta con sus pudores.
Recién el Mediodía del Sábado en el vagón tuvo la gentil idea de devolverles el anonimato, se veían feos y se miraban bellos mientras se besaban torpemente como diciendo: basta con que no te olvides de mí...con que nunca te olvides de mí.
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1 comentario:
que bueno ser un triste
que bueno ser anónimo...
parece que aún le queda algo a mismo uno, uno mismo
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