miércoles, 3 de octubre de 2007

Una de Santiago en máximo 100 palabras

Un Forestal oscuro guardó el secreto de sus arrugas, algunos grados de alcohol vitrificaron los ojos embelleciendo el mundo, el cielo fue más negro y las estrellas tenían nombre.
Apegaron sus cuerpos para vencer al frío y fue entonces que las manos, los labios y las piernas fueron un pulpo gigante e infantil, hasta que acabaron a lengua cierta con sus pudores.
Recién el Mediodía del Sábado en el vagón tuvo la gentil idea de devolverles el anonimato, se veían feos y se miraban bellos mientras se besaban torpemente como diciendo: basta con que no te olvides de mí...con que nunca te olvides de mí.

1 comentario:

Plinn dijo...

que bueno ser un triste

que bueno ser anónimo...



parece que aún le queda algo a mismo uno, uno mismo