jueves, 10 de septiembre de 2009

Undying Ministry

Tenía los ojos negros, profundos, sin luz.
Ella lo vio pero no vio su mirada.
La soledad eterna de su alma la atrajo a este ser, con voz pausada y mil mieles la atrajo hacia sí y ella solo se dejó llevar: miraba a un lado y el precipicio, miraba al otro y el frío, dejó que su mano firme la llevara.
Desde el principio adivinando pensamientos, la risa que activaba la inconsciencia la llevaba a su cama, a su espacio de energías confusas...sintiendo la presencia de otras almas, de carentes almas que clamaban por dolor a sordos gritos.
Al principio no dormía, el corazón palpitaba en pánicos extraños, sin aparente sentido y definitivamente en un espacio de anemoción.
Y se durmió.
La primera mañana la luz del sol entraba ficticia, así las mañanas siguientes, mientras cada vez más sueño y sopor, el sol fue convirtiéndose en un dibujo, una acuarela de emulación de luz.
La sensación de peligro se iba confundiendo con una extraña seguridad de un porvenir monstruoso, oscuro, sometido.
Sin saber cómo ni por qué, desde alguna mañana en adelante comenzó a agradecerle.
"Gracias por permitirme otra mañana", "gracias por permitirme respirar", "gracias por estar viva, por perdonarme".
Cada mañana se levantaba de esa cama agradecida, cada día tenía sentido por el sólo hecho de haberle sido perdonada la vida.
"Todo lo que tú quieras, nada de lo que yo quiera, mi amor".
Y se esmeró.
Cada señal, cada palabra le indicaba el camino correcto.
Y se esmeró.
Cada comida era la última.
Cada noche era la redención de la vida.
Cada mañana era gratitud: "gracias por permitirme vivir", "gracias por no tomar en tu abrazo mi último aliento".
Hasta que una mañana el sol de acuarela no llegó.
Todo era lluvia, la cama se movía como barco en naufragio.
Sirenas sordas junto a los sordos gritos de las almas solitarias que esperaban sin esperanza morir de una buena vez.
Y miró su mirada.
Y reparó en que sus oídos no la escuchaban.
Miró la oscuridad de sus ojos y uno de ellos no se movía, como en estertor, como en odio contenido.
Probó una y mil veces hablarle y se sintió invisible, etérea, fuera de su alcance.
Y se maravilló de sí misma al descubrir, que él no estaba muerto: él nunca había estado vivo.